Lea a Galleyeah |
Un montón de letras desordenadas, y otras algo ordenadas. |
Hace poco tiempo conocí un televisor que sólo proyectaba en la pantalla un fondo blanco. Era tal su avaricia, que eso era lo único que le permitía ver a sus dueños y se guardaba sólo para él un maravilloso universo de entretenimiento, colores y sonidos contenidos en innumerables canales que recibía de una señal celestial prepagada.
El muy egoísta televisor llevaba haciendo eso por un par de años desde que decidió un día que si los demás veían sus canales ya no quedarían suficientes para él. Sus dueños en vano trataron de convencerlo de que eso no sucedería y que nada tenía que ver con él. El televisor era muy necio y no pudieron obtener nada más que un fondo muy blanco como respuesta a cualquier orden que le daban con el control remoto.
Los dueños del televisor, que no me avergüenza decirlo, eran mis tíos, después de un tiempo se resignaron y decidieron aceptar que si ese era su destino y el del avaro aparato, lo tomarían de la mejor manera posible y aceptarían al televisor como un integrante más de la familia. Y así cada tarde después de la cena, se sentaba toda la familia frente al televisor a mirar por horas esa pantalla de color blanco y a escuchar el silencio más profundo, mientras el televisor satisfecho, sonreía ligeramente guardándose para él todo lo que le cabía en sus entrañas.