Lea a Galleyeah |
Un montón de letras desordenadas, y otras algo ordenadas. |
Siete millones es poco cuando se habla del corazón. Uno lo es todo si se camina en la madrugada. Las calles desoladas, silenciosas abren sus piernas sin saber a quién esperan. Las luces que se van cayendo de sueño, me miran misteriosas cuando atravieso. Por la avenida los autos en manada, lanzan un rugido veloz y desaparecen, vuelve la calma, el silencio y la nostalgia.
Éste escenario es perfecto para que suceda un asesinato. De pronto la madrugada se ha puesto morada, como anunciando el preámbulo de algo. Mientras tanto, yo imagino a un hombre que imagina a un hombre que imagina a un hombre, que en la madrugada mística e impredecible, mira un par de sombras lejanas. Y dentro de su escasa fe, ruega a Dios que sean almas humanas; Lo piensa bien y ruega a Dios que sean imaginarias; Lo piensa mejor y ruega a Dios que lo que sus ojos miran, sean la sombra de dos buenos samaritanos.
Las dos sombras se acercan lentamente y, al pasar un coche, se ilumina todo el camino a su paso, dejando ver al hombre, que sus temidas sombras son las de dos tipos grandes y calvos. Son blancos como la nieve y de ojos pelados, caminan bien erguidos y directo hacia el noctámbulo.
El hombre cruza la acera asustado, y pronto lo siguen los calvos. Los ve cada vez más cerca y toma otra ruta para despistarlos. Los tipos grandes y calvos, tienen al hombre acorralado, entre dos callejones, donde sólo cabe un auto.
Y a punto de ser de la noche borrado, los tipos grandes y calvos son arrollados, por el auto de un justiciero enmascarado, o quizá sólo un borracho muy alocado. Y en su último suspiro, explican los dos tipos grandes y calvos: nuestro único deseo, era vender a usted, señor asustadizo, un seguro contra accidentes nocturnos; Hemos vendido todo el día, y para terminar la jornada, nos faltaba por vender sólo uno en ésta vía.
El hombre desparece y desaparecen los tipos calvos. Permanezco yo, sonriendo y avanzando por las calles de la madrugada. Aunque no es tan divertido, como en mi historia entreverada. Mientras camino pienso, pienso y pienso. Y mientras pienso, diviso a lo lejos, un par de sombras humanas.